Cómo comerse una naranja?
20/08/2007
Recuerdo que cuando tenía 8 años, nuestra profesora decidió enseñarnos a comer naranjas. Con esa edad los niños suelen ser reacios a comer fruta y sobre todo a mondarlas por ellos mismos; así que el reto era hacernos comer algo que no nos gustaba y además hacerlo bien.
Un día nos dijo que debíamos traer a la escuela una naranja de cáscara gruesa, un tenedor, un cuchillo, una servilleta y un plato. Nos comentó que teníamos que comernos la naranja; nuestra reacción inmediata fue coger la naranja con las manos y pelarla, pero la maestra nos hizo saber que ése no era el objetivo, sino que tendríamos que comérnosla sin que nuestras manos se ensuciaran con el jugo de la naranja. Así que nos fue diciendo cómo teníamos que situar la naranja, los pasos que debíamos ir realizando uno tras otro para que no se cayera al suelo y se pudiese manipular con facilidad. Comernos esa naranja nos costó un trabajo horrible, pero cada gajo de naranja que pudimos saborear nos supo a "gloria", con lo cual la profesora consiguió aficionarnos a comer fruta y gracias al reto que suponía que no rodase la naranja por el suelo adquirimos grandes destrezas en el manejo de los cubiertos en la mesa.
Todos tenemos experiencias gratas que recordar, por qué siempre nos empeñamos en evocar un pasado penoso que nos amarga el presente.
Intentemos una aproximación hacia nosotros mismos a través de nuestros recuerdos, los más gratos. El propósito es que, partiendo de la experiencia, rememoremos aquellos momentos especialmente significativos o importantes. Esta revisión es como un regreso al punto de partida, al origen de uno mismo en este devenir en el que combinamos el propio desarrollo con nuestra incidencia en el desarrollo de otros seres humanos. Esta regresión nos permitirá apoyar nuestro futuro desarrollo sobre los momentos más relevantes e impactantes de nuestra vida, lo que Norman Denzin, un ilustre investigador norteamericano sobre la autobiografía, ha denominado epifanías.