Pago por el rescate = un pañuelo con vainica
11/07/2007
Cuando tenía 5 años, se rompió la cerradura de la puerta del salón, quedándonos encerradas mi abuela y yo; como acabábamos de recoger la colada, únicamente teníamos sábanas y toallas; podríamos haberlas anudado como hacen en las películas y haber escapado por la terraza, pero iba a ser demasiado peligroso ya que era un cuarto piso; así que a mi abuela se le ocurrió hacer trozos con la sábana que estaba más vieja y enseñarme a hacer pañuelos; les hicimos dobladillos y hasta una vainica a cada pañuelo. Al cabo de 5 horas, cuando apareció el resto de la familia, consiguieron abrir la puerta y recibieron como recompensa por rescatarnos un pañuelo hecho a mano para cada uno.
Mi abuela no sólo había conseguido tranquilizarme durante todo el tiempo que estuvimos encerradas, sino que la espera había tenido un sentido didáctico; yo aprendí dos cosas:
• 1º A hacer pañuelos.
• 2º A utilizar las adversidades positivamente.