MARIA BUENO: LA IMPORTANCIA DE LO SOCIAL.
11/03/2008
“A veces pienso que pinto porque me aburro”.
“Cuando empiezo a pintar un mural no puedo parar. Necesito más y más.
Es como si quisiera apoderarme de todo el espacio de las paredes de la calle”.
María Bueno
En ocasiones, pese al lastre de la crítica que tilda de ingenuos los argumentos que se escapan a la mirada técnica de los criterios científicos de sus autores, tengo la sensación de no querer encajar en ninguna de sus posibilidades y sentirme bien por ello. No me considero una crítica al uso. No me agrada decidir qué o qué no es arte y justificarlo bajo un hermetismo pretencioso demostrativo. No me gusta el olorcillo que embadurna las tragicomedias expositivas en sus inauguraciones, ni la procesión de autoridades persiguiendo los mejores canapés o la cerveza caliente de lata; detesto, incluso, el tiempo dedicado a no repetir modelito y escudriñar las mejores galas del resto y mucho más, el mimetismo noticiero de los diarios locales, parido de la nota de prensa tras la carnicería del estreno –terrorismo de escombros, para algunos-. Ni siquiera estoy suficientemente alerta al proceso creativo actual, agotada en juicios y valoraciones. Es todo tan banal y necesario –cómo diría una buena amiga- que caducan las intenciones y los discursos y hasta las miradas, antes de iniciarse.
Yo escribo para contar cosas y no tengo ni idea si esto se ajusta al modelo de crítica actual –desconozco incluso si existe tal modelo-, escribo para narrar momentos que me inquietan o hacer partícipe al lector anónimo de la emoción de un proyecto, una obra o un/a artista singular o simplemente porque me apetece. No busco en ello, primeros planos o disputas. Escribo como vivo, intuitivamente; percibiendo y viviendo con lo que más disfruto: el arte. Y así, me siento protegida -si esto es posible-; como si no cayese sobre mis manos la responsabilidad de cimentar cada palabra en un refugio de citas y argumentos improbables y encontrase la libertad de sacar a flote lo que bulle en mi interior; bueno o malo, con mejores o peores aciertos, sin licuados previos que garanticen los méritos académicos o los halagos nobles. Pienso ahora, en el discurso fácil que me inspiró hace años la visita al MOMA y al Witney [1] o la muerte de Chillida [2] y en lo demente que hubiese resultado publicar entonces en revistas especializadas.
Les cuento esto porque últimamente me encuentro imbuida en una especie de bullicio creativo que me lleva a contar cada experiencia de la forma más natural posible, sin hacer uso de complicadas lecturas. Me atropello incluso antes de iniciar el discurso con tanto apremio. Y es que lo que verdaderamente me conmueve, está por encima de los lobos que merodean en torno al arte. Disfruté conociendo a María Bueno –Málaga, 1976- una soleada mañana de septiembre, con su nevera de playa cargada de botes de pintura, pinceles y bocetos. Me atrajo con una parca presentación y una invitación sincera a participar de su última misión –abortada, podríamos decir, por problemas técnicos: Las Misses del Paseo de los Tilos– que finalmente podría ver la luz en el Distrito de Bailén-Miraflores, si todo va bien, a finales del mes de octubre.
No hay nada más emocionante que acompañar a una artista como María en su aventura y sus convicciones, y tener la sensibilidad adecuada para no atropellarla con banalidades o interceder para que su proyecto de apropiación de un espacio urbano sin licencia no se desmaterialice. Me embeleso con sus mezclas y trazos como lo hacen otros –transeúntes desconocidos- que sonríen y comentan espontáneamente en una de las calles más transitadas y multiculturales de Málaga. Entonces es cuando visualizo la ciudad como una gran selva llena de estímulos y posibilidades de creación -ajena al tesón caduco por colmar las rotondas de entrada de las ciudades con efigies que a nadie le importan- y recupero la alegría porque alguien -en este caso, una mujer excepcional convencida de que su papel como artista no está en el valor económico de sus éxitos- se ha atrevido a desafiar al mundo con sus pinceles.
María piensa que al artista le corresponde un papel social y que, a veces, hay que regalar parte del trabajo que se realiza y consumar acciones con y para otros, aunque ello suponga saltarse alguna norma, que impida o retrase llevarlas a cabo.
Su proyecto del Distrito de Bailén-Miraflores nace de esta inquietud y de la necesidad de seguir trabajando en la calle -en los muros de las fachadas- como haría a principios del verano en las paredes de un patio del Centro de Servicios Sociales de Atención al Mayor en la Palma- Palmilla y las tapias de un Instituto en Nueva Málaga. Ambas actuaciones, auspiciadas por el Área de Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Málaga y realizados junto a su hermana Eva, –trabajadora social y experta en colectivos e inmigración- le permitieron hacer partícipe del proceso creativo a un colectivo de mujeres de entre 25 y 60 años, con la intención no sólo de decorar, embellecer y dar color a sus barrios, integrando sus resultados como parte del paisaje urbano de la ciudad, sino para entablar una relación entre ellas y recuperar así actividades propias de las mujeres perdidas en el marasmo de la ciudad, como es la de encalar.
Gracias a su participación en el Certamen de Artes Plásticas, organizado por el Instituto Andaluz de la Juventud, esta joven artista malagueña ha conseguido que una de sus obras, No me corté las manos, me corté las venas por tí, forme parte de la colección de dicha institución. Asimismo, ha sido becada para llevar a cabo un proyecto artístico y social de gran envergadura en el Instituto Nacional de Arte y Discapacidad (NIAD) en California (Estados Unidos) [3]: la creación de un mural, en colaboración con los artistas que integran este estudio internacional de reconocido prestigio –dirigido a discapacitados físicos, psíquicos y emocionales- para potenciar sus capacidades y habilidades artístico-plásticas, establecer un espacio de diálogo multicultural, impulsar valores positivos tales como la autoestima, la dignidad, el respeto, la tolerancia y la cooperación entre los miembros implicados en el proyecto, desarrollar una importante labor de recuperación de sus barrios y su identidad y promover el Arte Mural y su importancia actual.
El trabajo se llevará a cabo coincidiendo con las próximas festividades navideñas, durante un período de dos semanas y estará basado en una metodología abierta, flexible y participativa, fundada en una labor interdisciplinar que permita aunar pautas de actuación de forma consensuada. El proyecto contará entre sus recursos con la participación de un grupo de artistas del NIAD, bajo la coordinación del equipo pedagógico del centro, así como la utilización de sus instalaciones: talleres, espacios de creación, de exposición, de proyección y consulta, así como las zonas de paredes destinadas al mural y todo el material necesario para la elaboración del mismo. En la primera semana, se llevará a cabo el aprendizaje de la técnica mural y el conocimiento del trabajo de dos artistas de la calle y muralistas que actualmente trabajan en España: Ximena Ahumada y 3ttman. Igualmente, se incluirá un trabajo en pareja con artistas del NIAD elaborado en paneles que serán expuestos posteriormente en la Galería del propio centro. La segunda semana servirá para realizar el boceto consensuado del mural y se llevará a cabo la realización del mismo.
Su temática, en continua mutación, tendrá como protagonista a la mujer, alma mater de la producción de esta artista malagueña –al menos, por el momento, ya que en su próxima intervención en el distrito Bailén-Miraflores tiene previsto incluir también figuras masculinas-. Su universo pictórico se centra en torno a ella: la mujer guerrera –como le gusta definirla- de gran fortaleza física y espiritual, con un papel decisivo en todas las culturas y sociedades como madre, trabajadora hábil y conciliadora permanente de talante resolutivo. Una mujer festiva, multirracial, multicolor; aderezada con originales complementos y provista de numerosos símbolos y metáforas. Diosas de la calle que han sido durante siglos plasmadas en piedra, en arcilla o en papiros y que ahora se fusionan con el espacio urbano en un juego de trazos desinhibidos de impronta naïf, donde se combinan a la perfección la mirada plástica del trazo improvisado, caracterizado por el tratamiento despreocupado de la perspectiva y las proporciones –con todo lo que supone de asombro primigenio, vuelo fantasioso y delirio onírico-, junto a colores brillantes, frescos, no contaminados; al margen de convencionalismos estéticos o estrecheces académicas. Diosas todoterreno, independientemente de –o quizás, mezcladas con- el bullicio callejero, que nos llevan a ponernos en contacto con lo mejor de nosotros mismos y consiguen, con su alegría sencilla, hacernos olvidar las tristezas de la realidad presente, que acusa probablemente un exceso de información y sabiduría.
Con este ilusionante proyecto, María Bueno conseguirá disolver las fronteras del arte outsider, echar a volar intuitivamente su imaginación sobre los muros americanos del NIAD -revistiendo sus obras de un barroquismo simbólico popular nacido de su necesidad de llenar la vida con cosas, ideas y pensamientos, y ajena a las antiguas recomendaciones docentes de limpieza visual- y representar gustosamente al arte joven contemporáneo andaluz, con toda su magia.
“La calle siempre será de todos y para todos. Como el arte”.
Rosa Olivares
[1] “Hoy ha sido un día magnífico. Amaneció lloviendo -el típico día neoyorquino- y mis piernas flaqueaban de cansancio, pero la sola idea de visitar el MOMA y el Witney, me despertó la ilusión. Aún palpita en mis ojos la danza de Matisse -una sinfonía de carne que asocié enseguida con el curso de danza de contacto- y los tonos anaranjados de “les demoiselles d’Avignon” -con sus asimetrías, su fuerza y rotundidad-. Mi gran descubrimiento ha sido Pollock. Su trazo mecánico me recuerda al de la tinta china sobre el cuaderno de dibujo; es desbordante. Y luego está la estructura, la arquitectura y el uso del espacio del Witney, absolutamente funcional; maravilloso. Si he de transmitir algo, un único pensamiento, es la sensación de pertenecer a una de las sinfonías florales de O’keeffe. Estoy flotando…”
[2] “Estoy triste. Ha muerto el escultor de las olas que peinaba el viento”.
[3] La organización de este Instituto permite de forma no lucrativa que los artistas que vienen a trabajar disfruten de unas instalaciones y de un personal cualificado donde, talleres de Pintura y Dibujo, Grabado, Joyería, Arte Textil, Cerámica y Escultura, entre otros unidos al concepto de Galería de Arte y Tienda, “miman” a los artistas y garantizan la calidad de las obras y piezas realizadas por ellos mismos.